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El embudo no contenta a nadie

escrito por Redacción Toros 30/06/2023

Por DAVID FERRER

A falta ya de conocer algunas plazas menores de verano, algunos festejos de septiembre y los carteles otoñales, cada torero y cada apoderado tiene ya la justa dimensión de su temporada. No me extrañaría que alguno cuelgue ya el traje de luces y que otro venda en Wallapop estoques y muletas. Esto es como empezar un curso sabiendo el resultado final. Vaya bien o no cada festejo, y sin contar inesperados percances, cada uno sabe si acabará con cincuenta festejos, con quince o sumará apenas tres. Ayer se presentaron los carteles de Bilbao, hemos conocido hace poco los de Valladolid, Santander, Murcia o Albacete y están a punto de salir, por ejemplo, los de Salamanca.

Nunca va a existir la cartelería perfecta y menos en un momento en el que la tendencia consiste en reducir festejos, en que sean cerrados y muy concentrados. Así que en cualquier feria uno echará de menos a un torero y otros a siete matadores y a algún aficionado le sobrarán cuatro de los anunciados. Pero los números son lo que son y aquí, salvo excepciones puntuales de algún ayuntamiento, no hay subvenciones como en el cine. Solo Pamplona, gracias a los llenos garantizados de una fiesta que trasciende todo, puede permitirse meter a todo tipo de toreros. El resto aplica la ley del embudo: lo que me conviene y hasta donde llegue. 

Podemos entonces analizar ya la temporada en función de lo visto y en función de lo programado. Vendrán después las puertas grandes, los fracasos, las caídas o los indultos. Ya veremos. Si uno fuera torero de esa parte más baja del escalafón pensaría ya en hacerme funcionario o coach o personal trainer. Y si eres novillero, casi mejor que te pongas a terminar el bachillerato o a estudiar una carrera. Por el embudo solo pasan unos cuantos. Quizá te pongan en un festival en Villarrubia de la Codorniz o en esa corrida del día de la Virgen de agosto en Carcamal del Pedrosillo. Derecho tienen estos pueblos a programar toros. Y bien que hacen. Pero olvídate de las grandes ferias y sus embudos.

Esta ley del embudo la hacen los empresarios y los apoderados, por supuesto. Que miran por su dinero, como es lógico. Pero también lo hacemos los aficionados cuando decimos: este año solo voy a la de Morante, o a la de Roca o a ver si Talavante hace magia. Lo demás suele ser un desierto de cemento, aunque se acartele ese muchacho que estuvo tan bien en Las Ventas o este torero tan exquisito que dibuja verónicas de azahar. La ley del embudo funciona también en los despachos. La casa Matilla impone su triplete (si va Manzanares, también Castella y me cuelas al Fandi) y la casa Vázquez hace lo suyo (donde pongas a Aguado ponme a Cayetano). Y lentamente vas viendo cómo los independientes se quedan fuera. Y los veteranos aguerridos que han dado la talla en la primera parte de la temporada como El Cid, Antonio Ferrera, Manuel Escribano, Paco Ureña, Rafaelillo, Robleño, Uceda Leal y otros cuantos entran a cuenta gotas. Y de las nuevas revelaciones ya ni hablemos: ¿en cuántos carteles de ferias va a entrar Fernando Adrián? ¿Por qué Ginés Marín anda en una tercera fila? Es la economía, estúpidos, es el embudo. Ferias cortas, compromisos de despacho, y tú que estás a verlas venir. Y estás en tu derecho de ir únicamente ver a Roca o a Morante. Que son grandes pero hay mucho toreo aparte.

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